lunes, 16 de octubre de 2017

Mi historia 14 – La vergüenza pública

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Cuando termine mi curso, hice una pasantía de tres meses en una empresa. En el recorrido yo siempre pasaba por una calle llena de comercios en el centro de Puerto. Era una larga avenida repleta de tiendas y muy concurrida.

Siempre había algunos vendedores ambulantes y también personas menos favorecidas pidiendo limosna en la calle. Pero entre aquellas mujeres, una me llamaba la atención, yo la veía todos los días allí sentada en el piso con un niño. Una escena difícil de ver. Si ya duele ver a un adulto pidiendo, imagine a un niño, siendo que ésta era visiblemente enferma.

Aquello comenzó a incomodarme, yo necesitaba hablar de Jesús para ella. Pero ¿Cómo? Ella siempre estaba rodeada de gente que pasaba por allí y algunos paraban para dejar limosnas ¿Cómo haría para conseguir que ella me oyese?

Los días se pasaban y continuaba viendo aquella triste escena, diciéndome a mí misma “necesito hacer algo”.

Cierto día yo me dije: “de hoy no pasa, yo voy a hablar con ella”. Y así hice, en el camino de regreso, yo me acerque y le hice una invitación para que ella fuera a la iglesia a buscar una solución para su vida y le dije: su hijo puede ser curado. Pero ¿saben cuál fue la reacción de ella?

Comenzó a gritarme diciéndome que ella ya tenía su religión y que no le fuera  a hablar de otra iglesia, pero todo eso a los gritos…

Como pueden imaginar, aunque hice lo correcto, me sentí muy avergonzada, pues las personas me miraban y ni se lo que pensaron que le dije a esa pobre mujer. Pero dentro de mí quedé en paz, sabía que había hecho lo que Dios quería.

Es muy triste cuando vemos a las personas sufrir, conocemos la solución para la vida de ellas, pero ellas mismas se rehúsan a aceptar. Prefieren seguir en el fondo del pozo antes que renunciar a la religiosidad y abrir su mente y corazón para Aquel que le puede salvar, el Señor Jesús.

Pero eso no me hizo desistir de evangelizar, porque algunos no acepten las buenas nuevas del evangelio, no significa que vamos a callarnos y dejar de esparcir el bien.

Esa no fue la única vez que recibí un “no”, muchas otras veces las personas no quisieron oír, cerraban la puerta en nuestra cara, se burlaban, hacían de cuenta que no oían, etc.

Mientras tanto debemos seguir haciendo lo que el Señor Jesús nos enseñó. Claro, siempre con educación, nunca queriendo impones nuestra fe a nadie ni faltando el respeto a la creencia de cada uno.



“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Mc 16.15


Que cada una pueda contribuir y hacer su parte. Y usted, ¿ya paso por algo semejante? ¡Cuéntenos!

Lea aquí los posts anteriores.


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jueves, 28 de septiembre de 2017

Mi historia 13 – "La maravillosa y grata noticia"



 Como les conté en el post anterior, yo había recibido el Espíritu Santo y estaba luchando para ser obrera. No era fácil ser colocada en la Obra de Dios, teníamos que probar que realmente queríamos eso. No era un juego o un simple deseo momentáneo, era algo serio y yo tenía conciencia de eso.
En febrero de 1994 fui levantada a obrera. Como era consciente de la gran responsabilidad que recibí, tuve que hablar con mi padre. Aunque tenía 18 años en aquella época, yo vivía con ellos y les debía respeto y obediencia, tenía que comunicar mi decisión. Yo ore antes de conversar con él el, y un día que fue a llevarme a la escuela, aproveché que estábamos solitos y le dije: “Padre, seré obrera de la Iglesia”. Como él no iba a la Iglesia, no sabía lo que eso significaba, entonces le expliqué: “voy a ayudar en las reuniones y tendré que participar de todas las vigilias, pues asumí una responsabilidad y no voy a fallar”. Al instante él me respondió: “si eso no va a estorbar en tus estudios, todo bien”. Que alivio sentí ¡Dios preparó todo!

Me gustaba mucho atender y evangelizar. Me acuerdo que iba al hospital de SIDA a orar por los enfermos, iba a las casas a rescatar a aquellos que se habían alejado de la Iglesia, también tenía un trabajo fuerte en la obra social, distribuía ropa y alimento y siempre ayudábamos.
El pastor siempre nos enseñaba que teníamos que llorar por las almas y nuestro amor por ellas aumentaría, y yo hacía eso.
Los domingos por la tarde yo no salía con Joaquín, siempre iba a evangelizar, él me llevaba a la Iglesia y me decía que me esperaría en el auto. Al final eso nunca acontecía, el Espíritu Santo siempre lo incomodaba y él acababa por siempre ir a evangelizar también. Un tiempo después, en la semana del Espíritu Santo, él fue bautizado y en Abril fue levantado a obrero.
Yo estaba muy feliz y agradecida con Dios, los dos estábamos en la misma fe y sirviendo a Dios.
Nuestro tiempo libre era dedicado a la Iglesia, nos sentíamos realizados ayudando a las personas. Él era un obrero bendecido, al tiempo él recibió responsabilidad en la Obra y eso me dejaba muy feliz.

Aunque muchos en la Iglesia sabían que nosotros éramos novios, pues habíamos llegado a la Iglesia siéndolo, nosotros manteníamos discreción.
 No andábamos de manos tomadas adentro de la Iglesia, ni quedábamos conversando, fue por eso que nuestro noviazgo siempre fue respetado.
Nunca nos llamaron la atención por actuar de forma inadecuada, pues siempre cuidamos de dar buen testimonio y agradar a Dios con nuestro noviazgo.
Nuestro placer en servir era verdadero y no me imaginaba más haciendo cualquier otra cosa, Dios me había llamado.
¿Y usted tiene el deseo de ser útil en la Obra de Dios? ¿Qué piensa hacer en favor de los que sufren?
En el próximo post hablare de una situación vergonzosa que viví ¡Aguarden!




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lunes, 18 de septiembre de 2017

Mi historia 12 – “La demora para recibir el Espíritu Santo”

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El pastor siempre buscaba el Espíritu Santo en las reuniones, y cierta vez mientras íbamos a evangelizar, una obrera comenzó a hablar sobre el tema.

Yo me interesaba, pero ni lo creía posible ¿Cómo algo tan Santo y Puro habitaría dentro de mi, tan falla y pecadora? ¿Cómo era posible hablar en lenguas extrañas como el pastor? Eso era algo realmente sobrenatural y con certeza para personas muy especiales ¿Cómo eso sucedería conmigo?

Aquí estaba la respuesta al porqué aún teniendo más de un año de Iglesia, ¡yo aún no era bautizada con el Espíritu Santo! ¡Simplemente porque yo no creía!

Cuando no creemos en algo ¿Cómo vamos a alcanzarlo? Yo sólo puedo recibir si yo creo; si no hay fe, no hay milagro.

Yo necesitaba entender cómo acontecería, cómo Dios lo haría, yo sólo necesitaba creer y dejar mis emociones de lado.

De una cosa yo estaba segura, yo necesitaba de un Salvador, sin El yo seguiría perdida. La Palabra era bien clara:



“Jesus respondió : De cierto, de cierto os digo, quien no naciere del agua y del Espíritu, no entrará en el reino de Dios.” Juan 3.5


De nada servía estar dentro de la Iglesia y seguir fuera del Reino de Dios. Yo ya me había bautizado en las aguas, pero yo no había nacido del Espíritu.

Cuando creí que era posible para todo aquel que cree, vi mi necesidad y me propuse a buscarlo con todas mis fuerzas.

Recuerdo que ayuné, ore, yo quería mostrar para Dios que lo quería de verdad y más que cualquier otra cosa.

En el verano de 1993 fuimos de campamento, en las vacaciones siempre íbamos con mis padres a algún lugar pero ese año fue diferente, yo no me iba a desviar de mi objetivo. Recuerdo que me despertaba todos los días a las seis de la mañana e iba a la playa aún desierta a buscar el Espíritu Santo solita.

El pastor realizaba una reunión todos los domingos a las dieciochos horas para obreros y candidatos, la cual yo participaba. En Septiembre en una de esas reuniones, mi respuesta llegó ¡Algo sobrenatural aconteció y yo recibí el Espíritu Santo! Una paz inmensa invadió mi ser, una alegría, una fuerza extraordinaria. A partir de aquel día yo tuve certeza de que Dios era conmigo, ¡ya no estaba más sola! ¡Que maravilla!

Esa era la mayor señal ¡la certeza!

Yo estaba tan feliz, me sentía súper poderosa jajaj.

Con el Espíritu Santo en mi vida todos los complejos acabaron, todos aquellos sentimientos negativos acerca de mí misma desaparecieron. Nunca más tuve “problemas” con mi cuerpo, ya no me sentía inferior a las demás personas. Mi interior fue transformado.

El deseo de servir a Dios nació, aquella joven que antes no quería ser obrera, ahora deseaba ser usada en Su Obra. Claro que ni imaginaba ser esposa de pastor, yo quería apenas servir como obrera y ayudar a las personas.

Además de participar los domingos por la mañana, yo continué participando en la reunión de las dieciocho horas ¡yo quería más!

En el próximo post hablare de cuando fui levantada a obrera. 


Y usted ¿ya fue bautizada con el Espíritu Santo? ¿Qué está haciendo al respecto?




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jueves, 14 de septiembre de 2017

Mi historia 11 – "Yo no quería ser obrera"



Yo siempre iba a la Iglesia con mi madre, mi hermana y mi novio. Ya teníamos casi un año frecuentando, pero yo siempre decía que no quería ser obrera.
Yo estudiaba y pensaba que si ayudaba como obrera, yo necesitaría de mucha disponibilidad de tiempo y que no podría  cumplir con mis estudios.
Tampoco participaba de ningún grupo en la Iglesia, ni al grupo joven, ni en la evangelización.
Pero pasando un tiempito, comencé a involucrarme más, me gustaba mucho ir a la Iglesia. Entonces en las vacaciones de 1992 me uní al grupo de evangelización e íbamos a hablar de Jesus por las calles. Yo prestaba atención a lo que decían las obreras para aprender.
Íbamos a donde estaban las prostitutas para hablarles de Jesus, también anunciábamos las buenas nuevas a los mendigos y a todos los que veíamos andar por las calles.

Cierta vez el pastor me preguntó: “¿Estas firme mi hija como las murallas de Jericó?” Yo nunca había escuchado hablar de Jericó, ¿Qué sería eso?; pero pensé que si son murallas deben ser fuertes Jajaja, entonces respondí “si señor”; el pastor dio una carcajada y se retiró kkkk. Después cuando leí sobre las murallas de Jericó que Dios había derribado para hacer que Su pueblo pase y conquiste la Tierra Prometida, me sentí muy avergonzada por la respuesta que había dado, rsrsr, pero no había más nada que hacer. Ahora es motivo de risa, hasta escribiendo sobre eso no puedo contener la risa, pero no fue así en aquella época.
Es triste cuando no conocemos la Palabra, ¡quedo pensando en los millares de personas que viven engañadas por no tener conocimiento de la Verdad! Por eso la importancia de anunciarlo a los que más podamos.
Todo estaba yendo bien, pero algo importante e imprescindible me faltaba, hablaré de eso en el próximo post.

Y usted ¿ya cometió alguna falla por no conocer la Palabra de Dios? ¿Ya pasó vergüenza como yo? ¡Comparta con nosotros!



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lunes, 11 de septiembre de 2017

Mi historia 10 – “Cuando me bautice en las aguas”




En aquella época el bautismo en las aguas no era tan frecuente en nuestras iglesias como ahora que puede ser realizado a cualquier momento. Por el hecho de que la iglesia no tenía bautisterio se dificultaba un poco, pues era necesario alquilar un club donde había piscina y así poder bautizar a las personas.
Me bauticé en las aguas en Abril de 1992, en la piscina del club Fluvial Portuense, era una piscina cubierta.
Demoré un poco para tomar la decisión, pero fue un paso consciente ¡El bautismo trae responsabilidades! Significa arrepentimiento de pecados, muerte para la vieja vida y nacimiento para una vida con Jesus, ¡una nueva vida!
Entonces la persona no debe bautizarse en las aguas por ver a los demás o para ser curada, o porque desea hacer parte de determinada denominación y sí porque ella está decidida en abandonar el pecado y vivir de acuerdo con la Palabra de Dios.
Allí en aquellas aguas quedan las actitudes y sentimientos errados, y de allí resurge decidida a no vivir más en el pecado.
Eso también hace parte de nuestra conversión y quien se convierte a Dios somos nosotros y no El que nos convierte ¡Es una decisión personal!
Pena que no tengo fotos de ese día ¡pero fue muy especial! Mucha gente se bautizó, vi que todos estaban felices y sonreían al subir de las aguas.
En ese día yo mostré para Dios que Lo quería seguir de verdad, no era un juego.
En 2011 cuando fui a Israel con el grupo Godllywood de Miami- USA, yo tuve la oportunidad de bautizarme en el río Jordan, las aguas estaban terriblemente heladas, pues era invierno, pero no podía perder esa oportunidad ¡Fue más que especial!

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Marcos 16.16

Y usted ¿ya tomó la decisión de comenzar una nueva vida con Jesus?


Siguen algunas fotos de mi bautismo en Israel:



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jueves, 7 de septiembre de 2017

Mi historia 9: “Un error que yo cometía”


En aquella época yo era una joven muy emotiva, y eso me estorbó mucho en mi vida espiritual. Yo lloraba por todo ¡era muy sentimental! Si yo idealizaba una cosa y eso no sucedía exactamente como yo lo había imaginado, eso ya era para mí motivo de tristeza. Pienso que creaba altas expectativas sobre determinadas personas y situaciones, y cuando no se concretizaba como yo esperaba, era como un balde de agua fría. Y la única manera que yo conocía de lidiar con eso era la emoción. Yo siempre lloraba delante de mis dilemas, a veces quedaba enojada conmigo misma.
A pesar de que no me gustaba ser así, pues quería ser más fuerte, segura y determinada, yo no sabía cómo.
Mis idas a la iglesia eran siempre muy provechosas, las enseñanzas, las oraciones fervorosas y el poder conversar con Dios expresando todo lo que ocurría dentro de mi, era algo libertador.
Mientras tanto no sabía hablar con Dios como conviene, ¡yo no sabía usar la fe!
En mis oraciones yo intentaba sensibilizar a Dios, quería que Él sintiera pena de mí y así me atendiera. Como yo era muy emotiva, yo quería usar las emociones para con Dios. Yo pensaba que si lloraba en mis oraciones, Dios como padre amoroso, quedaría sensibilizado con mi sufrimiento.
¡Cuán equivocada estaba! Dios precisaba ver mi fe y no mis lágrimas, pero yo no sabía eso. Mientras hacía uso de la emoción yo no podía tener la certeza de la respuesta.
Cometí ese error hasta tener conocimiento de que Dios es fe y nos aproximamos a Él a través de la fe. Aún siendo Padre amoroso y misericordioso, nosotros necesitamos manifestar nuestra creencia por medio de nuestra fe. Cuando comencé a practicar eso, las cosas comenzaron a funcionar mucho mejor.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hb 11.6


Y usted ¿ya cometió ese error? Comparta con nosotros su experiencia.
En el próximo post les escribiré sobre una decisión muy importante que tome en aquella época.
¡Espero por ustedes!



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lunes, 4 de septiembre de 2017

Mi historia 8: “Cuando hablé de Jesus para mi novio”


Nosotros teníamos aproximadamente tres meses yendo a la Iglesia cuando invité a Joaquín a acompañarnos. Yo me sentía tan bien allá, y quería que él experimentara la misma cosa que yo estaba viviendo.
En la época el pastor había explicado sobre el ayuno, algo nuevo para mí también. Él dijo que el ayuno era como un clamor, una oración más fuerte, que deberíamos hacer para casos específicos, situaciones más difíciles o apenas para consagrarnos más. Entonces decidí ayunar por quince días, desde la medianoche al mediodía, en favor de Joaquín. Yo quería que él aceptara ir a la Iglesia y además que él permaneciese. Este era el primer ayuno que yo realizaba desde que había conocido la Iglesia.
Entonces llegó el gran día en que lo invité, y para mi alegría él aceptó la invitación. Fuimos todos juntos, mi madre, hermana, Joaquín y yo ¡Estaba tan feliz de que Dios me haya respondido! A partir de aquel día él nunca más dejó de ir. Al comienzo tampoco entendía mucho, recuerdo que siempre que le escribía una carta (recuerden que era en 1991, no teníamos e-mail ni whatsapp, era una cartita escrita a puño y letra kkk), y en ella siempre escribía un versículo Bíblico y le intentaba explicar. Mi intención era ayudarlo para que él pudiera comprender que todo lo que se hacía en la Iglesia estaba de acuerdo con la Palabra de Dios. Sé que el Espíritu Santo fue haciendo la obra en él.
Yo nunca lo obligué a ir a la iglesia, o le coloqué esa condición, hasta porque en la época yo también era nueva en la fe y no sabía muchas cosas. Yo sólo tenía el deseo sincero de que él experimentara lo mismo que yo estaba viviendo. Yo busqué en Dios y Él honró mi fe. Pero claro, Joaquín también tuvo que aceptar, pues Dios no obliga a nadie a buscarlo, cada persona hace su propia elección.
Me gustaría hablar de este tema, pues algunas jóvenes que querían ponerse de novia con jóvenes incrédulos se justificaban con mi ejemplo. Decían: “Si usted consiguió, y también puedo conseguir”. Sólo que, una cosa es usted llegar a la iglesia ya teniendo un novio, como fue mi caso cuando llegué a la Universal en 1991 y yo ya tenía un año de noviazgo. Otra cosa es usted estar en la presencia de Dios, tener conocimiento de la Palabra y decidir conseguir un novio del mundo, involucrarse con una persona que no tiene su fe y colocar en riesgo su salvación. No estoy diciendo que es imposible que esa persona se convierta, pero hasta que usted vea eso debe esperar y no aceptar ponerse de novia, para ver si después él va a aceptar o no al Señor Jesús. Eso muestra que usted está colocando su vida amorosa encima de su vida con Dios.
Ahí está la gran diferencia, en aquella época yo no tenía ese conocimiento de que debía estar de novia con una persona de la misma fe, yo era nueva en la iglesia, no teníamos blogs o libros que nos enseñaran, íbamos aprendiendo todo de a poco, conforme a lo que el pastor iba enseñando. Aun no teniendo ese conocimiento, yo quise que Joaquín estuviera con Dios, hasta sin tener ese interés de estar comprometida con alguien de la misma fe, pues repito, no tenía ese conocimiento, sino porque quería que estuviéramos juntos con Dios y que él conociera la verdad, pues como yo, él también vivía espiritualmente ciego, esclavo de la religión.
Entonces queridas lindas, ¡cuidado para no confundir eso! Nosotras no tenemos capacidad de cambiar a nadie, quien hace eso es el Espíritu Santo. Tal vez Joaquín a primer momento aceptó mi invitación para agradarme, pero él permaneció, se convirtió y yo pude comprobar eso. Pero voy relatando más de ese asunto en los siguientes posts.
Ya vi muchas muchachas de la iglesia involucrándose con jóvenes del mundo y sufrir con eso. Actuaron por la pasión, no supieron esperar en Dios, no tuvieron la visión de primero verlos convertidos, ¡y padecen hasta hoy por haberse casado con una persona que no acepta su fe, la maltrata, engaña y así sigue!
Yo me pregunto ¿Para qué armar un problema si usted puede elegir a alguien de la misma fe? ¿No es así?
En el próximo post describiré un gran error que yo cometía, pero no tenía conocimiento de eso ¡¡Tal vez usted también haga lo mismo!!
Y usted ¿Ya vivió una mala experiencia por haberse involucrado con alguien que no practica su fe? Hasta dentro de la Iglesia puede suceder, pues no todos están en la iglesia convertidos y entregados a Dios.
Vea la alerta que Dios nos deja para todos:

 “Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” 1Juan 4.1
Eso significa que siempre debemos ver si el testimonio profesado es verdadero y si la persona actúa en la carne o por el Espíritu. Lamentablemente no todos los que dicen ser de Dios lo son realmente. Pero para eso, usted precisa ser espiritual. Pues si usted es carnal ¿cómo podría detectar quién es espíritu o carne? ¡Queda en consejo! 


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